Casi siempre que se hable sobre música islandesa, se termina mencionando lo ambiental y etérea que resulta, características que la tornan de lo más acogedora.
Sumado a lo anterior, múm le agrega a esa receta exitosa la dulzura, plasmada en voces susurrantes cálidas, y la riqueza de una instrumentación particular, delicada, y muy bien aprovechada, que llena de detalles minimalistas los 47 minutos de música.






